RAMAS ENTRE BAMBALINAS EN EL SAMBÓDROMO DONOSTIARRA
Una situación emblemática, un programa innovador, una gran potencialidad de activación social, un emblemático edificio existente… conciliar estas piezas en virtud de una idea arquitectónica única no parece posible sin graves simplificaciones. Sin embargo, son necesarios unos hitos conceptuales y organizativos para hacer la propuesta reconocible y que cumpla, por tanto, su función de comunicación social y de representatividad urbana. Ofrecemos los abajo listados.
¿UN SAMBÓDROMO EN DONOSTI?.
“La intervención arquitectónica que proponemos (…) permite convocar a un aforo de 2000 PERSONAS para asistir a espectáculos dinámicos como un desfiles, pasacalles, pase de modelos, parades, procesiones, manifestaciones, maratones o cualquier tipo de exhibiciones en movimiento”
El primero de esos hitos, es la intención de construir ¿un sambódromo en Donosti?. Antes de nada, no debe olvidarse que a finales del XIX todavía se comparaba el Carnaval Donostiarra con el de Venecia y era considerado uno de los mejores del mundo. A parte de este ilustre pasado, la petición del programa de incluir una calle con funciones de intercambio y visualización de las actividades del centro se trasforma en la posibilidad de organizar una tipología de espectáculos, actos escénicos, eventos civiles y producciones visuales propias. De todos es sabida la singularidad del Sambódromo de Río de Janeiro. Las infraestructuras del Sambódromo consisten en una larga calle flanqueada por gradas a ambos lados en la que la que desfilan las Escuelas de Samba con trajes y carrozas durante los días de Carnaval. Podríamos hablar de una tipología de espectáculo característica a la que nos referiremos como “espectáculo dinámico”. En dicho espectáculo, el público permanece inmóvil y los focos de atención se desplazan consiguiendo que una misma representación sea vista por los espectadores con fondos escénicos distintos y en tiempos no simultáneos. El espectáculo dinámico es el único que permite conseguir grandes aforos en espacios no estructurados escénicamente. Es por ello que es el más frecuentemente realizado en el espacio público, fuera de los equipamientos conformados como teatros o auditorios, dotando a esta tipología de una connotación popular alejada del elitismo de la alta cultura.
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