STAND DE FORMICA PARA LA FERIA SICI 2007 (memoria) cerrar x

STAND DE FORMICA PARA EL SALÓN DE LA COCINA INTEGRAL 2007 (MADRID, ESPAÑA) Y EL SALONE INTERNAZIONALE DEI COMPONENTI ET ACCESSORI PER L’INDUSTRIE DEL MOBILE 2007 (PORDENONE, ITALIA).
Cocinando en el bosque.

El trabajo encargado consistía en el diseño de dos Stands de 70 y 30 metros cuadrados donde, además de mostrar las nuevas gamas de los productos Formica, consiguiéramos un renovado imaginario para la marca. Un repertorio de ideas, asociaciones y conceptos que encarnarán, además del dispositivo material de exposición, un fondo comunicativo y vital.     

¿QUÉ PUEDE SER FORMICA?.
Construyendo una idea de la calidad no vinculada, exclusivamente, a lo caro.

Paralelamente a las cuestiones funcionales y a los procedimientos de montaje que se utilizaron y que se irán explicando conviene acotar el espíritu general que se convino. Existía un interés empresarial en huir de una vinculación con un producto anticuado, de bajo coste o con bajas prestaciones técnicas. En este sentido, la selección, por parte de la marca, de elementos a exhibir se circunscribía a “la gama alta”, una serie de productos que presentan unas cualidades de resistencia muy notables pero que, inevitablemente, son estadísticamente menos asequibles que los laminados que poblaron Europa y Norteamérica en el pasado. Esta insistencia en los productos de gran calidad podría producir un cierto efecto péndulo que desplazase la identificación natural de la marca de esa casera y cotidiana cocina de nuestra madre a un loft de diseño en el piso 18 de un rascacielos de Manhatan. Como la imaginación es un poder activo, política y socialmente y, claro está, un agente de primera magnitud en la regulación del consumo y, consecuentemente, en la trasformación de nuestros medios, el stand quiere huir de esa vuelta de tuerca y construir una estampa del deseo más amable. No queremos contribuir a la construcción de imaginación colectiva basada en una urbanización homogeneizadora, insostenible, acrítica y acultural. Así que, voluntaria y planificadamente, se huía de la vinculación con un producto elitista por su precio o por las directrices de su diseño. Se busca con estos stands un espacio de mercado con un talante que permita redactar un lema donde la palabra calidad se conjugue con apelativos como popular, asequible, atractivo, exuberante y hermoso. Los siguientes cuatro epígrafes tratan de ahondar en como construir esa filosofía de “calidad asequible”. 

Naturalización de la idea de lujo. (CASUAL)

La calidad no solo puede conseguirse a través de lo que podríamos llamar el lujo Ferrari (caro, brillante, aerodinámico y aparatoso) ni siquiera, por reacción, tiene que pasar por la sofisticación minimalista (blanco, continuo, aparentemente sencillo y carente de imperfecciones). Podríamos hablar de estéticas que premian, frente a este aspecto artificializado, una idea de calidad “naturalizada”. Algunos sucesos recientes son pistas de esta tendencia: el Palai de Tokio de Lacaton y Vassal crea en París un espacio donde la cultura contemporánea más innovadora pierde su sacralización de hiperpulcritud y silencio, el gusto por los objetos de segundamano llena tantas casas y armarios como fotos en revistas, los melocotones “orgánicos” son más sucios y más caros pero tienen un público creciente y el esparto o el mimbre, material protagonista del pabellón de España en la Expo de Shangai del 2010, vuelven a estar en los catálogos. De esta forma, los objetos estéticos que pueblan el stand buscan tener algo casual, relajado, acumulativo y diverso. Esa relajación contribuye a una sensación de espacio no opresivo y no protocolario. Los elementos fabricados, muestran sus tornillos, sus pernos, sus juntas y sus combinaciones de materiales con la tranquilidad y el sosiego que les falta a los objetos ultradiseñados, ultrasofisticados o ultraminimalistas. Las piezas aéreas se cuelgan de la estructura metálica con bridas vistas, el cableado eléctrico oscila con cierta parsimonia sobre las cabezas, los catálogos en forma de hoja son movidos por los visitantes y las azafatas sin instrucciones compositivas precisas. Esa misma tranquilidad se extiende al usuario pasea: toca, hojea y se mueve con libertad por el espacio.

La posibilidad de retomar el contacto con la naturaleza como artículo de “lujo”. (NATURAL-ECOLÓGICO)

Pero la relajación de la “ortodoxia” de lo cánones estéticos puristas no basta para generar calidad. De hecho, el objetivo fundamental de esos cánones es liberar al proyectista de la responsabilidad de la calidad autoacuñada ofreciéndole un lenguaje “probado”. En cualquier caso, enunciar la alternativa no basta, hay que construirla. La naturalidad no es más que una condición de partida, una especie de pacto de lo que podría ser la esencia del  producto que promocionamos. Falta ahora dotar a ese espacio vital de profundidades que lo distingan y lo doten de excelencia. La primera forma de conseguirlo es proponer un nuevo contacto con la naturaleza. En el imaginario contemporáneo, tener un patio en casa, un invernadero, un solarium o un curso de agua es, probablemente, privilegio mayor que un acabado en materiales “nobles”, un objeto de gran sofisticación tecnológica o un mueble de rancio abolengo. El acelerado proceso de urbanización que ha vivido nuestro planeta, (hemos alcanzado recientemente la cifra de un 50% de urbanitas en todo el mundo) ha generado una nueva jerarquía de lo que se considera cotidiano o exótico y, consecuentemente, nuevos regímenes de “prestigio” sobre argumentos que se vinculan a la calidad de vida. La escasa accesibilidad a la naturaleza desde los espacios urbanos ha convertido a los recursos verdes en los grandes “tesoros” de la vida doméstica y urbana contemporánea. Nuestra propuesta pretende conseguir una asociación entre la marca FORMICA y un contacto inteligente con la naturaleza. La relevancia de esta asociación cobra fortaleza por los actuales requerimientos ecológicos y sostenibles para los materiales de construcción. 

La calidad de las ideas. (INNOVADOR)

La siguiente vía para dotar de calidad a nuestro espacio es destacar el diseño como, de nuevo, generador de diferencia. La propuesta confía en el ingenio y la innovación para destacar la presencia de FORMICA en la Feria. Esta innovación debe afectar a aspectos importantes de cómo cocinar no a una mera condición decorativa. No buscamos solo una combinación de colores o texturas hermosas sino, también, proponer una novedad, más o menos drástica, en la esencia de la vida doméstica. Así pues, las impresiones digitales sobre el laminado, la selección de materiales y texturas no buscan sólo la innovación en la ejecución o la presentación  sino en la funcionalidad, la tipología y el programa. Queremos volver a vincular dos formas de arquitectura, diseño y casi cultura que, en los últimos años, han aparecido en ocasiones desvinculadas. Ha habido todo un mundo de arquitectos concentrado en las soluciones y detalles constructivos y de ejecución. Colectivo este que normalmente coincide con los de mayor edad y experiencia, que han dejado congelada la evolución en tipologías y estrategias. Para ellos, una casa es una casa y una cocina es una cocina, y lo que hay que hacer es “resolverla” bien. Hay otro colectivo, que suele coincidir con los jóvenes que confía en que proponer “la casa anuncio”, “la casa árbol” o la “casa parásito” es innovar en la arquitectura. Estos últimos lo cuentan con un icono y, con frecuencia, fracasan en la verdadera innovación técnica y de ejecución. Es necesario conciliar a estos dos sectores y entender la innovación en el diseño o la arquitectura como un equilibrio entre el la ideación estratégica y la investigación constructiva. Aquí buscamos, consecuentemente, una forma distinta de cocinar, no continuista con la moderna cocina compacta y una ejecución que se beneficie de las técnicas digitales de corte e impresión.  

La calidez de profundidad antropológica. (ANTROPOLÓGICAMENTE CÁLIDO)

Desde los diseños de la Bauhaus, ha quedado claro que el público en general encuentra una cierta frialdad en la modernidad de las vanguardias más purista o en los minimalismos. Hay un incotable número de películas de Hollywood donde el malo, frío y calculador, vive en una secuela años 90 del movimiento moderno con vidrio, acero y dobles alturas frente al hombre bueno y cauto que habita bajo dos aguas de teja de madera barnizada y porche con greca perforada modelo jareta de ganchillo. Parece que “los hombres buenos” conviven en paz con el pasado y que solo la neurosis puede llevar a una obsesión como la de vivir rodeado de cosas de sólo una época aunque sea la propia. Sin tener especial interés en reconciliarnos con Hollywood, dotar de calidad a un diseño contemporáneo también podría consistir en asegurarnos de que recogemos las tradiciones antropológicas más exuberantes, las que han dado lugar a la cultura de lo cotidiano, las que recogen la sabiduría de lo vernáculo sin guerra con lo nuevo, en franca continuidad. En este sentido, las cocinas culturalmente lejanas, las tradicionales o las que proceden de gastronomías de gran desarrollo han servido de modelo a nuestras encimeras que, lejos de proceder de un único y reciente modelo estético, pretenden asumir los hallazgos técnicos y materiales de las diferentes condiciones geográficas y de la historia. Este factor dota al stand de la calidez que pudiera añorarse en otros espacios contemporáneos. 
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