Hacia una definición del arte como experiencia de ocio.
(TRES MÁXIMAS). Podríamos comenzar nuestro relato de intenciones con tres máximas sobre el entendimiento del arte y su exposición que esta propuesta conjetura.
Creemos en un arte accesible universal y socialmente que se vive como una experiencia de participación en la que cualquier humano pone a prueba sus herramientas cognitivas compartidas y disfruta de su utilización, como si jugase a un juego mundialmente asimilado.
Defendemos que arte y arquitectura no deben entenderse como objetos acabados sino como entornos que permiten la interacción, la redefinición y el cambio constante. Un arte que se define por su experiencia o una arquitectura que se deja definir por su uso.
Entendemos la arquitectura como una especulación material donde la industria actual, con su riqueza sectorial, debe ser reinterpretada y recombinada para multiplicar las posibilidades de uso de los entornos construidos comprometiendo en lo mínimo las necesidades de las generaciones futuras.
(LA DEFINICIÓN GENERAL DE UN ESPÍRITU). Entendemos la sala como un espacio interactivo e interesante en su propia configuración. Una sala de juegos, de esparcimiento, relajación y descanso donde el visitante altere sus estados perceptivos de la mano de la experiencia artística y de la fenomenología inducida por la propia habitación. Es un espacio para todas las edades y para todas las nacionalidades, un lugar relajado que invita a hablar en un tono de voz habitual, con zonas para tumbarse, con un aspecto mutante y cambiante, podríamos decir que la propuesta sitúa al recinto a medio camino entre el parque de juegos y una tienda de antigüedades curiosas.
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